El 14 % de los hogares en España está formado por residentes extranjeros y su gasto en productos de gran consumo en el hogar crece a un ritmo de dos dígitos. También aumenta su gasto en productos de belleza (4 %) y textiles (11 %), y solo registra una evolución negativa en el sector de la hostelería (2 %). En comparación, los hogares formados por personas nacidas en España muestran una evolución negativa o estable en estas cuatro áreas.
Más allá de las grandes cifras, es importante tener una visión detallada de este consumidor, cuyos hábitos de compra están muy condicionados por la etapa de la vida en la que se encuentra, más que por su origen. Así, el 46 % de ellos compra en establecimientos con surtido reducido y el 51 %, en marcas blancas; es decir, por encima de la media del mercado.
En cualquier caso, el origen puede determinar en parte la composición de su cesta de la compra, ya que se observa un mayor consumo en categorías como infusiones, azúcar, repostería, harinas o mantequilla. Además, a la hora de cocinar, el 70 % de los métodos de preparación viene determinado en gran medida por el origen, de ahí que la base de sus platos sea, sobre todo, el arroz y la harina.
Mayor consumo en franjas horarias y categorías con un significado distinto
Por otro lado, también queda patente cómo parte de su consumo se desplaza más hacia el periodo entre horas, ya que una de cada cuatro ocasiones tiene lugar en esos momentos, casi 3 puntos porcentuales más que los españoles. Y si desglosamos estos datos por producto y lugar, destaca el consumo de refrescos y el hecho de que se consuman más en casa que fuera.
Otra de las características distintivas de este perfil de consumidor es cómo atribuye un significado diferente a ciertas categorías, de modo que un zumo, que para un español se asocia más a un desayuno rápido, ágil y a toda prisa, representa, en cambio, un momento de descanso para un extranjero.
Por otro lado, una de las preguntas clave es hasta qué punto estos hogares tenderán a españolizarse, y para responderla hay que tener en cuenta dos aspectos fundamentales: la presencia de hijos y la duración de la estancia.
Lo cierto es que la presencia de hijos en el hogar hace que el consumo de determinadas categorías se acerque al de los hogares españoles, aunque no en todas, y esta tendencia desaparece cuando se independizan; por lo tanto, se trata de una adaptación más bien pragmática y lo que se genera es un espacio de convivencia entre distintas lógicas de consumo.

