El 43 % de los hogares mexicanos busca reducir el consumo de azúcar y el bienestar está redefiniendo sus hábitos de compra

La salud cobra cada vez más importancia como criterio de compra en México: el 43 % de los hogares busca reducir el consumo de azúcar y el 40,2 % ya compra vitaminas o suplementos, mientras los consumidores reajustan su presupuesto para dar prioridad a las categorías relacionadas con la prevención y el autocuidado.

La presión económica no está haciendo que los hogares mexicanos renuncien a su bienestar. Está cambiando la forma en que deciden dónde ahorrar y en qué merece la pena invertir.

Según «The Health Effect 2026», un estudio de Worldpanel realizado por Numerator que relaciona las actitudes hacia la salud con el comportamiento real de compra, los consumidores reducen el gasto o buscan alternativas más económicas en productos considerados básicos, mientras que mantienen su interés por categorías que ofrecen un beneficio personal más claro, como la prevención, el autocuidado, la belleza, la funcionalidad y el capricho.

Esta transformación se produce en un contexto en el que la salud física, mental y financiera están cada vez más interrelacionadas. A escala regional, el 59 % de las personas afirma sentirse bien físicamente y el 68 % afirma sentirse bien mentalmente, y México se sitúa, junto con Colombia y Ecuador, entre los mercados con mejores niveles declarados en ambas dimensiones.

El resultado es un consumidor más selectivo: el valor de una categoría o un producto ya no depende únicamente del precio, sino también de su capacidad para ofrecer un beneficio relevante, accesible y creíble.

La prevención gana terreno en la cesta de la compra mexicana

La búsqueda activa de la salud ya llega a más de 70 millones de hogares en Latinoamérica. Dentro de esta tendencia destacan los «Health Actives», consumidores que adoptan y mantienen diversas prácticas relacionadas con una alimentación y un estilo de vida saludables.

En México, un indicio concreto del avance en materia de prevención lo constituyen las vitaminas y los suplementos, cuya penetración ya alcanza el 40,2 %. Este dato refleja cómo las prácticas relacionadas con el cuidado de la salud comienzan a incorporarse con mayor frecuencia a la cesta de la compra de los hogares.

El cambio también afecta a categorías que, tradicionalmente, no se asociaban directamente con la salud. La belleza se acerca al ámbito del autocuidado, mientras que los alimentos se evalúan por su capacidad para equilibrar nutrición, sabor y presupuesto.

A nivel regional, los productos de primera necesidad siguen representando el 43 % del gasto, pero solo explican el 4 % del crecimiento, lo que pone de manifiesto cómo otras necesidades empiezan a reclamar una mayor parte del presupuesto.

La etapa vital también influye. Entre los hogares encabezados por personas de hasta 34 años, las categorías relacionadas con las mascotas representan el 13 % del crecimiento y los caprichos, el 16 %, lo que indica que el bienestar, la gratificación y las nuevas estructuras familiares conviven entre las prioridades de gasto.

Los GLP-1 están redistribuyendo el consumo

Los medicamentos GLP-1, comercializados bajo marcas como Ozempic y Mounjaro, se perfilan como otro factor capaz de transformar los hábitos de consumo.

En México, el 3,8 % de los hogares cuenta ya con al menos una persona que toma estos medicamentos, y sus usuarios presentan un perfil especialmente joven: el 35 % tiene menos de 35 años. Además, el 5,7 % se plantea tomarlos, lo que indica que la presencia de los GLP-1 en los hogares mexicanos aún tiene margen de crecimiento.

El conocimiento sobre estos medicamentos también crece rápidamente. En solo un año llegó al 28 % de los hogares mexicanos, siete puntos porcentuales más que en 2025, lo que equivale a cerca de 7 millones de hogares.

Su impacto, sin embargo, va más allá de la pérdida de peso. Durante el tratamiento pueden variar el apetito, el tamaño de las raciones y el consumo de azúcar, grasas y carbohidratos, así como la relación con los suplementos y las diferentes categorías de alimentos y bebidas.

En México, los hogares que utilizan GLP-1 redujeron en un 20 % sus compras de productos con alto contenido calórico en un periodo de seis meses.

Sin embargo, este comportamiento no implica necesariamente que se trate de una situación permanente. En Latinoamérica, el 43 % de los antiguos usuarios considera probable que vuelva a utilizar GLP-1 o afirma que sin duda lo haría; en México, la proporción es del 36 %.

Esto convierte el fenómeno en un proceso de consumo que puede constar de distintas etapas. Para las marcas, será cada vez más importante comprender qué categorías pierden cuota de mercado durante el tratamiento, cuáles captan una mayor proporción del gasto y, sobre todo, qué hábitos persisten una vez finalizado el tratamiento.

Esto plantea también otra cuestión para el sector: qué soluciones ofrecer a quienes no retomen el tratamiento, pero sigan buscando alternativas relacionadas con el bienestar y una mejor experiencia de consumo.

El 43 % de los hogares mexicanos quiere reducir el consumo de azúcar

La reducción del consumo de azúcar es otra de las tendencias que ya ha alcanzado una magnitud significativa. Más de 80 millones de hogares latinoamericanos buscan reducir su consumo de azúcar y, en México, el 43 % de los hogares se clasifica como «Sugar Reducer»: consumidores que buscan opciones con menor contenido de azúcar y evitan el azúcar añadido.

Otro 6 % prefiere edulcorantes sin calorías o bajos en calorías.

Esta tendencia ya se refleja en determinadas categorías. En México, la penetración de los chocolates y los dulces descendió del 75,0 % al 71,2 %, aunque su valor aumentó un 15,7 %. Los productos lácteos modificados presentan un comportamiento similar: crecieron un 13,0 % en valor, mientras que su penetración descendió del 75,0 % al 71,7 %.

Se trata de una tendencia en la que algunas categorías siguen aumentando su valor, pero llegan a un número menor de compradores. Al mismo tiempo, ganan terreno opciones que el consumidor puede percibir como una mejor inversión para su bienestar, como el agua mineral, el agua embotellada y las bebidas vegetales.

Reducir el azúcar no significa renunciar al sabor

El creciente interés por las alternativas con menos azúcar también aumenta las expectativas respecto a estos productos. Para competir, no basta con destacar un beneficio relacionado con la salud.

Entre las características más valoradas en los productos sin azúcar se encuentran los ingredientes naturales, mencionados por el 46 % de los consumidores, seguidos de un sabor similar al del producto original (27 %), una buena relación calidad-precio (20 %) y una marca de confianza (16 %).

Las principales barreras ponen de manifiesto la otra cara de esta expectativa: el 28 % menciona un sabor diferente y el 25 %, un precio más elevado.

Por eso, la oportunidad para las marcas no pasa necesariamente por eliminar las opciones habituales. Hay espacio para que convivan diferentes propuestas y respondan a distintos momentos y necesidades de consumo.

El reto consiste en desarrollar alternativas que combinen bienestar, prevención y disfrute, sin que el consumidor tenga que renunciar a aspectos como el sabor, la confianza o la accesibilidad.

Bienestar y presupuesto: una nueva ecuación de consumo

En conjunto, los resultados de «The Health Effect 2026» muestran que la búsqueda de una vida más saludable no se produce al margen de las restricciones económicas. Ambas fuerzas influyen simultáneamente en las decisiones de compra.

El consumidor mexicano puede ahorrar en una categoría y destinar más recursos a otra que considere importante para su bienestar. Puede reducir el consumo de azúcar sin renunciar por completo a darse un capricho. Y puede incorporar nuevas prácticas de prevención sin dejar de valorar el precio y la funcionalidad.

Para las marcas, esto significa que competir únicamente en precio puede resultar insuficiente. La oportunidad radica en demostrar de forma clara qué beneficio ofrece cada producto y por qué merece ocupar un lugar en un presupuesto cada vez más selectivo.

Preguntas frecuentes

▼ ¿Qué porcentaje de los hogares mexicanos intenta reducir el consumo de azúcar?

El 43 % de los hogares mexicanos se clasifica como «Sugar Reducer», es decir, busca opciones con menor contenido de azúcar y evita el azúcar añadido. Además, el 6 % prefiere edulcorantes sin calorías o bajos en calorías.

▼ ¿Cuántos hogares mexicanos compran vitaminas o suplementos?

Las vitaminas y los suplementos alcanzan una penetración del 40,2 % en México, lo que refleja la incorporación de prácticas de prevención y autocuidado a la cesta de la compra.

▼ ¿Qué penetración tienen los GLP-1 en México?

El 3,8 % de los hogares mexicanos cuenta actualmente con al menos una persona que toma medicamentos con GLP-1, mientras que el 5,7 % se plantea tomarlos.

▼ ¿Cómo están influyendo los GLP-1 en el consumo?

Los hogares mexicanos que utilizan GLP-1 redujeron en un 20 % sus compras de productos con alto contenido calórico en un periodo de seis meses. El tratamiento también puede influir en el tamaño de las raciones y en el consumo de azúcar, grasas y carbohidratos.

▼ ¿Qué buscan los consumidores en los productos sin azúcar?

Los ingredientes naturales son la característica más mencionada, con un 46 %, seguidos de un sabor similar al del producto original (27 %), una buena relación calidad-precio (20 %) y una marca de confianza (16 %).

▼ ¿Está la presión económica haciendo que disminuya el interés por la salud?

Los datos apuntan a una reorganización del gasto más que a un abandono del bienestar. Los hogares tratan de ahorrar en algunas partidas, al tiempo que protegen aquellas que consideran importantes para la prevención, el autocuidado, la funcionalidad o el bienestar.

Acerca del estudio

«The Health Effect 2026», de Worldpanel por Numerator, es un estudio de PanelVoice que relaciona las actitudes declaradas respecto a la salud con el comportamiento real de compra.

La investigación abarca nueve mercados de Latinoamérica: México, Brasil, Argentina, Chile, Colombia, Perú, Bolivia, Ecuador y Centroamérica. En México, la muestra está compuesta por 4.300 hogares. Los periodos de medición varían según el indicador, con datos disponibles hasta mayo de 2026.

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